Después de la campaña de la anchoa, con la subida de temperaturas de mayo y junio, viene la de la sardina. Pescado azul que se pesca en el Cantábrico, en el mar del Norte y también en el Mediterráneo. Se localizan agrupadas en grandes bancos, como grandes manchas en el mar, moviéndose al unísono para defenderse de los depredadores, que son muchos. El nombre sardina proviene de la isla de Sardinia, actual Cerdeña, donde su pesca era muy abundante.

En estas fechas, las “sardinadas” van a ser protagonistas en innumerables actividades festivas a lo largo del litoral peninsular durante todo el verano. Es uno de los pescados más populares y saludables.

La carne es muy delicada y su piel muy escamada a modo de escudo protector. A pesar de su mala fama en el pasado debido a la gran cantidad de grasa que contienen, hoy en día se las considera un firme aliado de nuestra salud porque esta grasa arrastra el colesterol malo y además aporta grandes cantidades de omega 3

Hay que comprarlas frescas, brillante y con los ojos saltones, y consumirlas en el día. Son típicas las sardinas asadas o a la brasa, atravesadas por un espeto, con una rebanada de pan como plato. Existen múltiples formas de prepararlas, fritas, a la plancha, a la barbacoa, escabechadas, guisadas…

Las sardinas tienen ácidos grasos insaturados que regulan el colesterol. También tienen calcio, vitaminas del grupo A y D.

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