La castaña es protagonista durante todo el otoño, sobre todo en noviembre, de un gran número de fiestas tradicionales en Galicia. La más célebre es la de Magosto, que representa el cambio de ciclo agrícola y tiene lugar en las vísperas del Día de Difuntos, coincidiendo con la recogida de la castaña y la matanza.

Las castañas fueron introducidas por los romanos en el siglo I d. C., consumiéndose secas, asadas o en harina. Este fruto era la base de la alimentación, sobre todo en las áreas rurales y de montaña, donde se recolectaban para el autoconsumo. La llegada de la patata y el maíz en el siglo XVI fue desplazándola y en el siglo XIX se iniciará su declive, quedando reducida su presencia a comarcas de interior. Eran fundamentales en la dieta de las clases populares, asadas, cocidas, en el caldo o con leche, o confitadas, en ocasiones excepcionales.

Con Indicación Geográfica Protegida, las castañas de Galicia son muy valoradas por su calidad, sabor dulce y textura firme, no harinosa. Es un alimento típicamente otoñal pero gracias a las diferentes técnicas de conservación lo podemos encontrar a lo largo de todo el año. La caída del fruto es espontánea y la recogida se lleva a cabo de forma manual.
Más de la mitad de las castañas producidas en España proceden de Galicia y se comercializan en fresco, secas, congeladas o harina.

Hoy en día, las castañas han pasado a ser un ingrediente muy valorado por sus posibilidades gastronómicas en numerosos platos, combinan muy bien con legumbres y frutas, en rellenos de aves, caza, guarnición y como postre (marron glacé o en almíbar).

 

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