El pan es uno de los productos básicos en nuestra alimentación diaria, no sólo por tradición (en nuestra sociedad resulta, cuando menos raro, comer sin un buen pedazo de pan) sino porque aporta nutrientes, como los hidratos de carbono complejos, que constituyen la base de la alimentación saludable. Existen múltiples variedades de pan (con diferentes formas, tipos de cocción, con más o menos cantidad de miga, con diferentes ingredientes, como frutos secos, semillas…), entre las cuales las integrales son las más saludables por ser las que mayor cantidad de fibra aportan en nuestra dieta.
Aunque es un producto que, respecto a la Seguridad Alimentaria, no se considera de riesgo, sus características organolépticas (especialmente textura, grado de crujiente…) están muy limitadas a un corto período de tiempo (generalmente la caducidad que se le adjudica al pan es de consumo en el día). Por esta razón, es bastante común, que, al ser un producto de consumo diario, nos sobre pan. A continuación exponemos algunas sencillas ideas para poder aprovechar ese pan que nos sobra:

  1. A la rica tostada de desayuno

El pan sobrante del día anterior podemos aprovecharlo para preparar unas ricas tostadas de desayuno. Cortar el pan e introducirlo en un tostador no nos llevará mucho más tiempo que sacar un paquete de galletas o bollería del armario y es una manera muy saludable de empezar el día. El pan nos proporciona almidón (hidratos de carbono complejos) pero sin aportar apenas grasas ni azúcares simples, a diferencia de cualquier producto de bollería, pastelería o galletas que podamos encontrar en el mercado.
Si, además, acompañamos las tostadas de un chorrito de aceite de oliva conseguiremos un desayuno mucho más completo y saludable.
Aunque lleva algo más de tiempo, si no disponemos de tostador, siempre podemos tostar el pan «a la plancha» en una sartén antiadherente.

  1. La opción más sencilla: congelarlo

El pan sobrante podemos introducirlo directamente en el congelador, de esta forma podremos aprovecharlo para algún imprevisto.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que el almidón que forma parte del pan cristaliza con las bajas temperaturas (este fenómeno se puede apreciar en forma de «puntitos blancos»), por lo que, para conseguir una textura adecuada, hay que congelarlo y descongelarlo correctamente: se debe congelar fresco (si lo congelamos una vez se ha endurecido, al descongelarlo se resquebraja) y la mejor forma para que recupere su textura original es descongelarlo en el horno humedecido previamente.

  1. Pan rallado casero

Para una de esas tardes de lluvia y frío en las que no sabemos qué hacer con los más pequeños de la casa, con una barra de pan duro y un rallador podemos entretenernos un rato fabricando «pan rallado casero». Podemos completar la tarde haciendo unas ricas croquetas con ayuda de los niños (por lo general, les encanta remover, amasar y dar forma) y es un buen momento para explicarles de donde vienen los alimentos más básicos, como la harina o el pan.

  1. Postre tradicional

Las torrijas (rodajas de pan duro empapadas en leche aromatizada con canela y limón y rebozadas ) son un postre típico de Carnaval, pero que será bienvenido en cualquier época del año.
Aunque sus ingredientes son saludables (pan, leche, huevo, aceite), al tratarse de un alimento frito, aporta gran cantidad de calorías, por lo que no deberíamos consumirlo a diario, pero si puede tomarse de vez en cuando como desayuno, postre o merienda, especialmente si lo sustituimos por otros alimentos menos saludables como la bollería o las «chuches».

  1. «Paninis» o «pizzetas» caseros

Podemos elaborar unos ricos «paninis» o «pizzetas» caseras con el pan sobrante. Solo hay que cortarlo en trozos, abrirlo por la mitad y cubrirlo con salsa de tomate (mejor si es casera), queso rallado y los ingredientes que más nos gusten: jamón o huevo cocido, espinacas, calabacín, atún, berenjena, aceitunas, maíz… , horneándolo unos minutos a continuación.
Las combinaciones son muchas y es la excusa perfecta para sustituir al típico fast-food y, además, incluir verduras y alimentos saludables en la dieta de los más pequeños sin que protesten.
Si no vamos a consumirlos en el momento, siempre podemos congelarlos una vez montados para hornearlos en cualquier ocasión.
 
 
Laura González
Dietista de Gastronomía Baska
 
 
 
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