El sedentarismo infantil se ha convertido en un gran problema, provocando un gran incremento de la obesidad, antesala de futuras complicaciones para la salud como la diabetes o la hipertensión. Combatir el sedentarismo es la mejor forma de prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida de las futuras generaciones. La escasez de espacio en nuestras ciudades y la falta de seguridad para jugar o realizar actividades al aire libre hacen imposible que los niños estén en la calle, disminuyendo su actividad física y aumentando las horas delante de la televisión.

Por esta razón hay que buscar soluciones para evitar un estilo de vida pasivo que se está convirtiendo en un problema de salud pública de primer orden, en cuya solución deben implicarse todos los sectores sociales (instituciones políticas, sanitarias, medios de comunicación, industria alimentaria…) .

La familia, en primer lugar, y el medio escolar son los ámbitos educativos de mayor influencia y, por tanto, los encargados de poner en práctica estilos de vida saludables desde la infancia.

En el colegio, hay que diseñar programas de educación física apropiados a la diferentes edades que les inculque la importancia de la actividad física.

En casa, hay que respetar los horarios de comida, aumentar la actividad cotidiana, reducir las horas frente a la televisión o cualquier aparato electrónico, tener una alimentación saludable, andar en bicicleta y pasear, reducir los viajes en automóvil y utilizar los transportes públicos, motivar la práctica de algún deporte…

No hay que olvidar que el ejemplo de los padres es muy importante ya que los niños tienden a repetir su conducta.

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