El Roscón protagoniza el desayuno, sobremesa o merienda cada 6 de enero, día de la Epifanía. El pastel tiene forma de rosca, a la manera de una corona real, y está cubierta de frutas escarchadas o confitadas, a modo de joyas.
Sus ingredientes son: harina, levadura, leche, huevos, agua de azahar, margarina, azúcar y sal. Para la decoración, además de las frutas, se emplean almendras laminadas y azúcar glasé. Desde el último tercio del siglo XX se rellenan también de nata, moca, trufa o chocolate.

Historia

A pesar de  su nombre, el rosco no tiene nada que ver con el nacimiento de Jesús y la llegada de los Reyes Magos. Su origen se remonta a una tradición pagana, la fiesta de las Saturnales, que, posteriormente, se incorporó a las festividades cristianas.
Se celebraba a mediados de diciembre, tras recoger las cosechas, en el solsticio de invierno, en homenaje al dios Saturno, dios de la agricultura y las cosechas. Se marcaba así el fin del periodo más oscuro del año y el nacimiento de otro más luminoso.
En estos días, llenos de diversión y regalos, había numerosos banquetes y, entre las muchas viandas que se elaboraban, había una torta a base de miel en la que se introducían frutos secos, dátiles e higos. Con el tiempo se convirtió en el postre más popular, y ya en el siglo III d.C. se introdujo también un haba, símbolo de prosperidad y fertilidad. Al que la encontraba se le auguraba fortuna el resto del año.
Si bien desaparecieron las Saturnales, este postre perduró y la torta, con el tiempo, fue adquiriendo forma de roscón.
Aunque la tradición se perdió en muchos lugares, si arraigó en algunos sitios como Francia, donde se convirtió en una tradición entre la nobleza. Así, en el siglo XVIII se sustituyó el haba por una moneda y, más tarde, por una figurita de cerámica.
En el siglo XIX se volvió a recuperar el haba. Al que le tocaba la figurita se convertía en rey de la fiesta y al que le salía el haba era el tonto del haba (que derivó en tontolaba).

Valoración nutricional

Es un postre calórico y energético, en torno a las trescientas sesenta y ocho calorías cada cien gramos. Además, si los roscones son rellenos, hay que añadir la grasa, el colesterol y azúcar de la nata o el chocolate. Sin embargo, no es de los postres navideños que más calorías tienen, ya que el aporte de grasas es relativamente pequeño respecto a otros propios de estas fiestas.
Su contenido en proteínas es elevado por la utilización de leche y huevos en su elaboración, a lo que hay que sumar los hidratos de carbono, destacando su contenido en azúcares. También aporta vitaminas A, E, y minerales como hierro, magnesio, zinc y calcio.
No está indicado para personas con niveles en sangre de glucosa elevados, ni para aquellos intolerantes a la glucosa, o diabetes.

 

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