Nuestras dietas y la de nuestros hijos son cada vez más desequilibradas y excesivamente calóricas. ¿En qué fallamos los padres?, ¿Cómo podemos enseñar a comer correctamente a los niños? Para aclarar nuestras dudas, en elbebe.com entrevistamos, en exclusiva, a María Teresa Orzáez, profesora titular del departamento de nutrición y bromatología II de la Facultad de Farmacia, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Los últimos estudios realizados en España sobre alimentación infantil muestran unos datos preocupantes: cerca del 93% de los niños no desayuna correctamente, el índice de obesidad infantil ha aumentado un 16% y sólo un 10% de los niños practica suficiente deporte para llevar una vida saludable.

Para aclarar nuestras dudas hemos recurrido a los especialistas. En esta ocasión, entrevistamos, en exclusiva para elbebe.com, a María Teresa Orzáez Villanueva, profesora titular del departamento de nutrición y bromatología II de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Para esta experta, se han producido algunos cambios fundamentales en nuestros hábitos de vida. Tanto padres como niños, consumimos dietas cada vez más desequilibradas y realizamos actividades más sedentarias. Por tanto, ¿qué debemos hacer?

Cambios “peligrosos” en la forma de alimentar a los niños

Pregunta: ¿Cuáles son los principales cambios en la forma de alimentar a los niños?

Respuesta: En mi opinión creo que en la sociedad actual se han producido cambios importantes en los estilos de vida, que también han influido en la forma de alimentarnos.

Actualmente vivimos muy deprisa y todos estos cambios se reflejan en la primera comida del día, el desayuno. Acostumbramos a levantarnos con el tiempo justo, rápidamente y con prisas. De tal manera que apenas tenemos tiempo para tomar un vaso de leche. Este desajuste horario, que también comparten los niños, favorece que muchos de ellos no desayunen y otros lo hagan de manera incompleta, con poco apetito. Y en numerosas ocasiones, con la única compañía del televisor.

En relación a las otras ingestas del día, un alto porcentaje de niños come en el colegio. En las cenas son muchas las familias que hacen un consumo abusivo de platos preparados, como pizzas, embutidos, hamburguesas, etc., alimentos que ahorran tiempo en la cocina, pero que no aportan el mejor perfil nutritivo para los niños.

P: Comidas preparadas, sin tiempo suficiente para desayunar, comer o cenar… ¿Qué consecuencias puede tener una mala alimentación en la salud de los niños?

R: Una mala alimentación tiene repercusiones negativas en los niños. La población infantil se encuentra en pleno período de crecimiento y desarrollo, por lo que los niños deben consumir una dieta variada y equilibrada. Esta dieta debe incluir distintos grupos de alimentos para cubrir sus necesidades energéticas y diferentes nutrientes para afrontar el gasto metabólico basal (gasto energético que necesita el cuerpo para funcionar), requerido para su actividad física y escolar

P: Entonces, ¿cómo debe ser una dieta saludable y equilibrada?

R: Los padres debemos enseñar a los niños que una dieta saludable tiene que cumplir tres requisitos básicos: variedad, equilibrio y suficiencia.

Una dieta equilibrada consiste en tomar alimentos de los distintos grupos en cantidad adecuada según la edad, siguiendo las pautas de la dieta mediterránea.

Los niños deben tomar un aporte diario del grupo de cereales, verduras, frutas y lácteos, sin olvidar las legumbres, carnes (principalmente magras), pescados y huevos.

Los dulces y el abuso de comidas rápidas “fast-food” hay que dejarlos para un consumo ocasional y no recurrir a ellos de forma habitual, como lo hacen muchos menores.

De esta forma cubriremos las necesidades energéticas de proteínas, importantes por su función eminentemente estructural, y el aporte necesario de fibra, vitaminas y minerales, imprescindibles para un buen funcionamiento del organismo.

P: ¿Por qué es importante desayunar fruta, cereales y lácteos?

R: Un desayuno completo y equilibrado, formado por estos tres grupos de alimentos, presenta una serie de ventajas a nivel físico, psíquico y nutricional del niño/a o adolescente.

  • Mejora el estado nutricional. Un desayuno completo, compuesto por fruta, cereales y lácteos, aporta los nutrientes que adultos y niños necesitan a lo largo del día.
  • Favorece el control de peso. Contribuye a un reparto más ajustado y equitativo del aporte energético que debemos tomar a lo largo del día, distribuido entre 4-5 comidas. Esta distribución permite que no se sobrecargue la energía que necesitamos en cada tramo del día.
  • Evita el “picoteo” entre horas de productos como snacks, golosinas, refrescos, etc., tan del agrado de nuestra población infantil y adolescente, pero que favorecen el sobrepeso y obesidad infantil que algunos padecen.
  • Aumenta el rendimiento físico e intelectual. Esta combinación de alimentos en el desayuno permite mantener los niveles de glucosa en sangre, favoreciendo positivamente el rendimiento y concentración escolar, además de influir en el estado de ánimo de los menores.

P: ¿Qué ocurre si un niño no desayuna correctamente de forma sistemática?

R: Cuando bien se omite o se realiza un desayuno desequilibrado, además de aparecer la temida hipoglucemia, el niño/a tiene dificultad para concentrarse y disminuye su atención en cualquier tipo de actividad que tengan que realizar.

Desde la hora de la cena hasta la mañana siguiente, hay que tener en cuenta que existe un largo periodo de horas que modifica de forma significativa la distribución de sustratos energéticos. Por esta razón, es necesario que el niño se levante sin prisas, con tiempo suficiente para asearse, vestirse y tomar un buen desayuno, que le aporte la energía que requiere para comenzar su jornada escolar.

P: ¿Qué importancia tiene la actitud de los padres en la alimentación de los niños?

R: La actitud de los padres es de suma transcendencia, ya que deben predicar con el ejemplo. Si los niños ven que los padres comen de todo, estarán ayudando a introducir los distintos alimentos de forma habitual en su dieta diaria.

En cambio, la muestra de agrado o desagrado de los padres a determinados alimentos puede influir claramente en las preferencias alimentarias de sus hijos. Los niños, sobre todo los de menor edad, tratan de imitar en todo momento el comportamiento de sus padres, ya sea para bien o para mal.

Para enseñar a los niños unos hábitos de alimentación saludables los padres, sobre todo, debemos conocer los alimentos, apreciar sus diferencias, valorar la necesidad de cada uno de ellos y aprender a comer “de todo”.

P: ¿Qué podemos hacer los padres si un niño se niega a comer verdura, fruta…?

R: Generalmente los niños tienden a rechazar las frutas y verduras, conjuntamente con los pescados.  En este sentido, es importante que los padres sean los primeros en dar un buen ejemplo, comiendo de todo y no dejándose comida en el plato.

De nada sirven los consejos que puedan recibir los niños en el entorno escolar si los padres son los primeros que rechazan algunos alimentos. Como he señalado anteriormente, los niños de corta edad son un fiel reflejo del ambiente en el que viven e imitan constantemente todo lo que ven en su núcleo familiar.

Los padres debemos hacer atractiva la presentación de los platos que no suelan ser del agrado de los pequeños, variando las formas de presentación y preparaciones culinarias para intentar vencer ese rechazo. Por ejemplo, podemos insertar frutas cortadas en pequeños trozos en un palito a modo de brocheta, si éstas no le gustan.

P: A la hora de hacer la compra, ¿en qué debemos fijarnos los padres?

R: Lo más importante es planificar bien las compras, elaborando previamente un menú para cada día, y no hacer una compra improvisada. Utilizar productos de temporada, frescos, e intentar organizar bien las cenas con aquellos alimentos básicos que sus hijos no han tomado en los menús escolares.

María Ábalo Gandía

Fuente: elbebe.com

http://www.elbebe.com/alimentacion/habitos-alimentacion-infantil-entrevista-maria-teresa-orzaez