Sin duda es uno de los alimentos más apreciados de la dieta mediterránea, recomendable para una alimentación sana y equilibrada. Muy versátil, se puede emplear como entrante, guarnición, plato único, ensalada, sopa o postre.

Este producto se elabora con la harina mezclada con agua y se puede añadir sal, huevo (da consistencia y la hace más nutritiva), verduras (dan color y aportan minerales y vitaminas), u otros ingredientes.

Aunque vale cualquier harina, la mayor parte de recetas siguen la tradición italiana y utilizan el trigo duro o candeal. Su bajo contenido en agua permite una mejor conservación durante largo tiempo sin alterar sus cualidades nutritivas y organolépticas.

Se cuece en agua hirviendo. Si se consume “al dente” (ofrece alguna resistencia al ser mordida) reduciremos la glucosa y nos mantendrá saciados durante más tiempo.

La pasta puede ser seca o fresca. La primera resulta de la desecación de una masa no fermentada hecha con sémolas o harinas de trigo con agua. La fresca se elabora fundamentalmente con huevo y debe consumirse rápidamente por su pronta caducidad.

De origen controvertido, hasta ahora se pensaba que, originaria de China, fue Marco Polo quien la introdujo en Europa. Sin embargo, es muy probable que la introdujeran en el continente los árabes, posiblemente en el siglo XI.

Existen numerosas variedades en función de los ingredientes utilizados y las distintas formas. Las principales son:

  • Spaghetti (espaguetis), alargados y con sección circular, el nombre proviene de un diminutivo de la palabra italiana spago, que signfica cordel.
  • Tagliatelle (tallarines similares a los espaguetis pero con sección rectangular o plana)
  • Fettuccine, alargados y planos
  • Macarrones, con forma de tubo estrecho
  • Rigatoni, pasta tubular con estrías paralelas
  • Fusilli, con forma de hélice o pajarita
  • Farfalle, con forma de mariposa y bordes dentados

También están los vermicelli, pappardelle, linguine, capellini, ziri, bucatini y capelli d’angelo, tortiglioni, penne, gnocchi, rotini, dedales (empleadas para el minestrone), lengua de pájaro…
En la categoría de pastas rellenas, las pastas más populares son los ravioli, con forma de paquetito cuadrado, y los tortellini, con forma de rollito anudado.
Además, hay que señalar las pastas en forma de loncha, empleadas en la elaboración de canelones y lasaña, que se acompañan de carne picada, bechamel, verduras, etc.
Asimismo, hay variedades dietéticas adaptadas en función de las patologías o etapas de la vida: para niños, diabéticos, enfermos renales, hipertensos, celíacos, etc.

Beneficios nutricionales

La pasta es una fuente de hidratos de carbono, contiene proteína, y, en menor medida, grasas y minerales. No posee colesterol y apenas grasas. Las pastas de color verde aportan vitaminas del grupo B por incluir hortalizas en su elaboración. En todo caso, su valor energético dependerá del resto de ingredientes que la acompañan.

Se recomienda su consumo al menos una vez por semana. Es muy aconsejable para personas de edad avanzada por su fácil digestión y asimilación, en estados que se necesite una aporte extra de energía y para los deportistas, por su riqueza en hidratos de carbono de absorción lenta sin apenas contenido en grasa.

 

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