Es sin duda uno de los productos más representativos de Asturias. Las fabes se caracterizan por su gran tamaño, su color blanco, su forma larga y aplanada y su textura harinosa.
Muy valoradas por su versatilidad en la cocina, hay una gran variedad: “verdina”, “habas de riñón”, “habas de mayo”, “habas de manteca”, “habas amarillas”, “los fabones”, “las pintas”…todas ellas forman parte de la cocina tradicional asturiana.

Esta legumbre se siembra por el mes de mayo y se recolecta en otoño, en octubre, siempre de forma manual, extrayendo la plata desde su raíz. Una vez cosechada, se transportan hacia los lugares de secado, bien ventilados, evitando cualquier humedad.
Ya secas, se desgranan, descartando las manchadas y agrupándolas por tamaño y color. Con este proceso tan cuidadoso se consigue una homogeneidad y una calidad óptima.

La fabada, cocido típico que se elabora con estas legumbres, es el plato emblemático de muchas fiestas asturianas. Como toda legumbre, las fabes secas se ponen a remojo 12 horas antes de cocinarlas.
Hay muchas recetas para este plato, varía en cada zona e incluso en cada familia, dependiendo del “compangu” (embutidos, carnes y salazones que acompañan).

 

 

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