En el norte de España son muy habituales los platos de caracoles el día de Navidad y en cada lugar se preparan de forma diferente, por lo que existen infinidad de recetas tradicionales. Todos los platos elaborados con caracoles son muy energéticos ya que suelen incluir sofritos de vegetales, panceta, jamón u otro tipo de carne que le dan un sabor predominante. Por su versatilidad gastronómica, se ha convertido en un plato muy demandado.

En los últimos años ha habido una creciente demanda de este molusco de gran interés nutricional con la apertura de gran cantidad de granjas helicícolas. Además, la recolección y venta de caracoles silvestres esta prohibida en muchos lugares ya que carecen de un certificado de calidad higiénico-sanitaria.

El caracol ha sido, como lo demuestran multitud de yacimientos arqueológicos prehistóricos, uno de los primeros animales consumidos por el hombre desde siempre. Ya desde el tiempo de los romanos se comenzó a criar caracoles para su consumo y nos legaron las primeras recetas de caracoles. Actualmente el caracol es muy valorado en muchas culturas y es un producto típico de la cocina mediterránea.

 Propiedades nutricionales

El caracol ofrece una carne muy pobre en grasas en comparación con otros animales, aportando pocas calorías, de 60 a 80 calorías por 100 gramos. Sin embargo, es un alimento de fácil digestión, saludable y nutritivo, con proteínas de gran calidad.

Además, es rico en proteínas y minerales, con el magnesio y el potasio como elementos más abundantes, seguidos por sodio, calcio y hierro.

Se recomienda el consumo de caracoles de granja, con más sabor y garantías de sanidad, criados, engoradados, seleccionados cuidadosamente y preservados de párasitos.

 

 

 

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