Hasta hace treinta años las alergias alimentarias parecían cosa de niños. Sin embargo, en los últimos años se está convirtiendo en un problema clínico de primer orden para todos. Si bien todavía las asociamos con esas edades de la infancia y la adolescencia, cada vez estamos tomando mayor conciencia de que los adultos –y no solo en la adultez temprana, sino en la adultez media y en la vejez– también las podemos padecer.

Creer que al no haber sufrido nunca una alergia o que al cuidarnos adecuadamente somos inmunes a estos problemas puede ser muy peligroso. “El error más importante en estos casos es infravalorar la gravedad de la enfermedad. Muchos pacientes desconocen que una alergia puede acabar con nuestra vida en tan solo unos pocos minutos”, explica el Dr Javier Subiza (Clínica Subiza), especialista en alergología e inmunología clínica.

“A medida que se cumplen años predominan las alergias a alimentos de origen vegetal, como frutas y frutos secos, legumbres y menos habitualmente los cereales.”

Según el informe Alergológica 2015, elaborado por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), uno de cada 10 españoles sufre una alergia alimentaria. El documento alerta sobre cómo este fenómeno ha evolucionado y se ha disparado en los últimos años: en poco más de dos décadas se han triplicado las alergias a los alimentos pasando del 3,6% en 1992 al 7,4% en 2005 y a un 11,4% en 2015.

Qué diferencia una alergia de un adulto a la de un niño

Aunque no existan diferencias patogénicas entre el desarrollo en la alergia de un niño y de un adulto, sí las hay en cuanto al patrón de alimentos a los que nos hacemos alérgicos según la edad. Mientras que los lactantes y los niños suelen sensibilizarse sobre todo a alimentos de origen animal, como la leche de vaca, el huevo o los pescados, a medida que se cumplen años predominan las alergias a alimentos de origen vegetal, como frutas y frutos secos, legumbres y menos habitualmente los cereales.

“Las alergias de los adultos suelen persistir en el tiempo.”

“El hecho de que los adultos sean con mayor frecuencia alérgicos a alimentos vegetales viene determinado porque estos alimentos comparten proteínas con pólenes de plantas a los que los individuos jóvenes y adultos van estando expuestos a lo largo de los años y, como consecuencia de ello, se sensibilizan a estas proteínas contenidas también en las frutas y frutos secos y, seguidamente, empiezan a reaccionar clínicamente frente a ellos”, puntualiza el Dr. Pedro Ojeda.

Así, mientras la alergia de los niños suele superarse (el 80% supera la de la leche en los tres primeros años y el 65% la del huevo a los seis años), la de los adultos tiende a persistir en el tiempo.

Qué síntomas nos deben alertar

No es complicado detectar una alergia alimentaria. Aunque nunca nos haya sucedido y pueda ocurrir que los dos o tres primeros episodios de una reacción alérgica no los identifiquemos como tal, al repetirse el problema identificaremos el alimento responsable y deberemos acudir lo antes posible a un alergólogo para que estudie nuestro caso en profundidad. Aunque los síntomas iniciales sean leves, desgraciadamente las siguientes reacciones podrían ser mucho más graves.

Son síntomas que aparecen aisladamente o combinados de cualquier forma, y que ocurren al poco tiempo (de forma inmediata y hasta 30-60 minutos) de haber ingerido el alimento culpable. En muchas ocasiones se resuelven espontáneamente al cabo de un rato (entre una y tres horas) y no vuelven a ocurrir hasta que consumimos de nuevo el alimento responsable de su alergia.

Los síntomas suelen ser lo suficientemente abruptos y molestos como para motivar el que esa persona acabe buscando consejo médico. Por lo general, los síntomas que nos deben hacer sospechar una alergia son picor de la boca o garganta con la ingesta de un alimento, dolores abdominales, náuseas o vómitos, aparición de picor de la piel o ronchas por la piel, hinchazón de los labios o los párpados o síntomas de dificultad para tragar o respirar”, detalla el Dr. Ojeda.

Intolerancia y alergia: dos enfermedades completamente diferentes

“Mientras que la intolerancia consiste en un déficit enzimático que produce molestias digestivas, como meteorismo y diarreas, la alergia es un trastorno inmunológico mediado a través de anticuerpos IgE: la primera no es una enfermedad grave, mientras que una alergia, si se trata de una anafilaxia, puede poner nuestra vida en peligro”, concluye el Dr Subiza.

Claudia Loring

Fuente: diario “La Vanguardia”

http://www.lavanguardia.com/vivo/nutricion/20171025/432343653694/sintomas-alergias-alimentos.html