Que el término #food [comida] arroje más de 248 millones de publicaciones en Instagram, la red social visual por excelencia, da una idea aproximada de lo que significa comer con los ojos. En los supermercados el refrán se pone de manifiesto a través de variadas estrategias de marketing que presentan los productos de la manera más atractiva posible. Así, una manzana roja resulta tan apetecible a la vista como la de Blancanieves en el filme con el fin de que usted la añada a su cesta de la compra.

“Muchas frutas están cubiertas por una capa de cera para darles un aspecto brillante. Los agentes más comunes son la cera de abeja (E901), la cera candelilla (E902) o la cera de carnauba (E903)”, explica la dietista María Garriga, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

Ante una fruta resplandeciente y otra con mala pinta el consumidor lo tiene claro. ¿Debe preocuparse por el recubrimiento? ¿Se va con un simple lavado? ¿Es necesario pelar entonces la manzana? ZEN ha consultado a expertos una vez comprobado que, cuando no es bio, efectivamente se genera un polvillo blanco casi imperceptible al rascar con un cuchillo la superficie del alimento.

“Muchas manzanas, peras o ciruelas del supermercado lucen tan lustrosas porque llevan una capa de cera para proteger el alimento y hacerlo llamativo.”

Siempre que se tratan temas de nutrición las opiniones son diversas, aunque los profesionales consultados pertenezcan al mismo campo. No hay un criterio único. Sin embargo, hay que procurar ser rigurosos ante la cantidad de bulos que circulan. En primer lugar, los nutricionistas aclaran que esta cera artificial viene a sustituir la que genera la propia fruta y verdura de manera naturalpara ayudar a retener la humedad, como cuando uno se echa crema tras una ducha con jabón: “El lavado al que se somete después de la recolección puede eliminarla y es necesario aplicar nueva para que no se vayan sus propiedades, principalmente, evitar la pérdida de agua y la protección de la superficie, aumentando su vida útil”, explica Garriga.

Los aditivos aprobados “son seguros para el uso alimentario”, afirma Enrique Gómez, Assistant Worldwide Technical Manager de Decco Postharvest -empresa dedicada a la conservación de cosechas-: “La legislación aplicable en la Unión Europea es el Reglamento CE 1333/2008 de aditivos alimentarios”. Garriga añade: “Lanormativa establece unos límites máximos de residuo para cada fruta con el objeto de asegurar su inocuidad para el consumidor”.

La nutricionista insiste en la función de esta capa: “Enlentecer la degradación natural, mejorar su firmeza y ayudar a resistir a la pérdida de humedad”. El encerado no mejora la calidad ni el sabor, sólo la apariencia. “Un exceso de agentes de recubrimiento, antes de ser dañino para la salud humana, empeora el alimento porque dificulta su transpiración y genera olores y sabores”, asegura María Ballesteros, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Pelar la fruta: ¿sí o no?

Un ingeniero industrial dedicado a los encerados, que prefiere no revelar su nombre en ZEN para no tener problemas con su empresa, cuenta que pela la fruta antes de llevársela a la boca y, siempre que puede, la compra en mercados de cercanía o ecológicos. “El impacto beneficioso sobre el consumidor de que el producto sea certificado como bio es mayor en los productos frescos, aunque la fruta y verdura así catalogada tengan una duración menor que la convencional por la falta de componentes químicos que alarguen su vida útil”, asevera Raquel Herzog, la Directora de Bio c’ Bon en España.

“La piel es la parte de la fruta con mayor concentración de fibra y vitamina C. En el caso de las manzanas, al pelarla se pierde alrededor de un 11% de fibra y, en las peras, hasta un 34%.”

En el caso de una familia media, sería de una semana como máximo: “Sin embargo, la fruta suele proceder de zonas de proximidad y tiene un circuito de distribución corto, lo que compensa una vida útil algo menor”. Este sería uno de los argumentos que justifican el incremento de precio. “La fruta y verdura ecológica compiten con la que encontramos en el supermercado gracias a su sabor potenciado y al hecho de que su aspecto nos transporta al que conocemos del campo. Al favorecer el producto local y de temporada también se reduce el impacto medioambiental del transporte y nos aseguramos de que no lleva ningún componente químico ni pesticida, es decir, lo tomamos de la forma más natural posible”.

La piel es la parte de la fruta con mayor concentración de fibra y vitamina C, por lo que la solución para la portavoz del SEEN no sería pelarla. “En el caso de las manzanas, se pierde alrededor de un 11% de fibra y, en las peras, hasta un 34%”, enumera Ballesteros. Con un lavado a conciencia es suficiente, coincide la ingeniero agrónomo Alicia Namesny: “La gente se pregunta qué tipo de recubrimiento lleva una manzana pero luego se toma un bollo industrial. Aun poniéndonos puristas, sin duda, una fruta u hortaliza fresca con tratamiento es más sana que un alimento precocinado y envasado. Si tengo que elegir entre una pera sin lavar y una bolsa de patatas fritas, yo lo tengo claro”.

 

Cristina Galafate

Fuente: diario “El Mundo”. ZEN