En primavera llegan las patatas nuevas o tempranas a los mercados. Se distinguen por su piel dorada y lisa, y por sus cualidades nutritivas y gastronómicas. Se recolectan de marzo a junio, antes de su completa maduración.

A diferencia de la patata tardía, la nueva es de menor tamaño, más compacta. También, tiene más agua, por lo que su contenido en almidón será menor y, por tanto, su plazo de conservación más breve. La patata nueva, cuya piel a veces es tan fina que se pueda eliminar frotándola, tiene una carne más acuosa que la tardía y es de un color blanco o amarillento.

Tiene grandes posibilidades a la hora de cocinar y es muy recomendable para freír y cocer: en tortilla, gratinadas, rellenas, guisos, ensaladas, como guarnición…Es muy asequible, con un sabor ligeramente dulce y muy valorada por sus bondades nutricionales. Además, se digiere con mayor facilidad, siempre dependido de cómo se cocine. Es conveniente guardarlas en lugares oscuros y aireados.

Aporta menos calorías que la patata vieja, contiene menos sodio y potasio. Es rica en vitamina C, aunque se pierda al cocinarla, así como en vitamina B6 y ácido fólico.

 

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