Como cada primavera, llegan las fresas, fruta que florece desde finales de invierno hasta principios de verano. Sin embargo, hoy en día, las fresas que se comercializan proceden de cultivo intensivo que con la ayuda de los invernaderos consiguen estar presentes todo el año. La provincia de Huelva, seguida por la comarca catalana del Maresme, Valencia y Extremadura son los principales productores.

Muy apreciada desde la Antigüedad, se caracteriza por un intenso aroma que las hace reconocibles a distancia y una carne jugosa que se deshace en la boca.

La fresa que se consume actualmente en Europa procede de los primeros colonos de Virginia (EEUU), de la que se obtuvieron diferentes variedades, ya que es un fruto de fácil hibridación (se conocen más de 1.000 variedades en el mundo).

Nutricionalmente, es un alimento pobre en azúcares- 90 por 100 de agua y 32 calorías por cada 100 gramos- pero rico en minerales como el magnesio, el potasio y el fósforo y en vitaminas, sobre todo vitamina C y antioxidantes. En definitiva es una fruta alcalinizante, refrescante y mineralizante, que incrementa las defensas del organismo, siendo su consumo muy recomendable para diabéticos, enfermos de gota e hipertensos.

Hay que lavarlas pero sin sumergirlas y no quitar el rabillo hasta después de pasarlas por el agua. Se conservan mejor si se guardan en el frigorífico o en un lugar fresco, oscuro y ventilado, esparciéndolas lo más posible. El calor, el transporte y la humedad son sus mayores enemigos, deteriorándose con facilidad por su frágil estructura.

Se pueden tomar naturales o con azúcar, con nata ( con el consiguiente incremento calórico), con limón, zumo de naranja…

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