Qué producto fresco comprar, qué hacer con él al llegar a casa, debemos o no lavarlo, dónde guardarlo, a qué temperatura dependiendo de cada tipo de producto, cómo retardar su maduración, como evitar el desperdicio, sobre todo en frutas y verduras…

De la mano del IRTA —instituto de investigación dependiente de la Generalitat de Catalunya dedicado a la I+D+i agroalimentaria en los ámbitos de producción vegetal, producción animal, industrias alimentarias, medio ambiente y cambio global, y economía agroalimentaria—, una serie de prácticos consejos para conservar mejor, y el mayor tiempo posible, el producto fresco —fruta, verdura, carne, pescado y quesos— para así espaciar al máximo nuestras salidas para hacer la compra.

Con carácter general, los expertos del IRTA, hacen dos recomendaciones: en primer lugar, consumir productos de proximidad no sólo para apoyar a nuestros productores, sino también porque la proximidad es una garantía de frescura. Y, por otra parte, recuerdan que, de acuerdo con la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), actualmente no hay evidencia científica que los alimentos sean una fuente o vía probable de transmisión del virus SARS-CoV-2.

Producto fresco en casa

FRUTAS, VERDURAS Y HORTALIZAS

  • ¿Es necesario lavarlas? En general, las frutas, verduras u hortalizas que vayan a consumirse crudas, con o sin piel, es importante lavarlas bien en abundante agua y, además, sumergirlas cinco minutos en agua potable con lejía de uso alimentario —una cucharada por cada tres litros de agua— y después aclararla con abundante agua. Esta es una buena práctica desde el punto de vista de la salud porque eliminamos tierra, microorganismos y/o restos de pesticidas, aunque no para alargar su tiempo de conservación.
  • Dónde guardarlas. Las judías, las acelgas, la lechuga o el brócoli los guardaremos en los cajones inferiores de la nevera, que las protegen del frío directo y mantienen a una temperatura de entre 8 ºC y 10 ºC. Las manzanas y las peras, los cítricos, las alcachofas, los ajos, los tomates, las cebollas y las patatas pueden conservarse fuera de la nevera, idealmente en un lugar fresco, seco y bien ventilado, y fuera de bolsas de plástico, para evitar el moho y que se deterioren rápidamente. Las peras y los tomates también pueden guardarse en la nevera si lo que queremos es alargar su vida útil, dado que son más perecederos que el resto de especies de las que hemos hablado.
  • A la hora de consumirlas. Para disfrutar al máximo el sabor de los productos que hemos guardado en la nevera y que se consumirán en crudo, se recomienda dejarlos un rato antes a temperatura ambiente, porque es cuando emitirán más compuestos orgánicos volátiles y, por tanto, sus aromas se expresarán mucho mejor.
  • Cómo retardar su maduración. Depende de si se trata de frutas u hortalizas climatéricas, que siguen madurando una vez se han cosechado —manzana, pera, aguacate, plátano, kiwi, tomate, arándano y mango—, o no climatéricas, las que la maduración tiene lugar solo en el árbol/planta y ésta se interrumpe al ser cosechadas —moras, cerezas, cítricos, fresas, piña, pepino, berenjena y calabaza—.Los frutos climatéricos producen y liberan al ambiente etileno, un compuesto orgánico volátil que los ayuda a madurar, y que acelera la maduración de los frutos de su alrededor. Por ello, para que se conserven más tiempo, lo mejor es no mezclar variedades o especies que produzcan etileno entre si, evitando que las que produzcan más etileno hagan madurar al resto.
  • Cómo evitar el desperdicio. Las frutas y hortalizas más maduras pueden aprovecharse para hacer macedonia, confituras, compotas e, incluso, puede congelarse si es que van a consumirse transformadas. En el caso de las hortalizas frescas, si no van a ser consumidas próximamente, también pueden congelarse: de entre las de temporada, los guisantes y las habas pueden congelarse en crudo, mientras que las judías verdes y las espinacas se recomienda escaldarlas antes.

CARNE Y PESCADO

  • ¿Lavar el pollo para eliminar patógenos y para que se conserve mejor? “Es un mito, no se recomienda hacerlo. Es la típica situación en la que el remedio es peor que la enfermedad, lavar el pollo puede hacer que, con las salpicaduras, las bacterias que pueda haber en el pollo contaminen la pica, la superficie de trabajo u otros alimentos”, explica Sara Bover, jefa del programa de Seguridad Alimentaria del IRTA.
  • Cómo y dónde conservar. En la nevera, se colocarán en la zona más fría, que es el estante inferior (la temperatura es de 2-4 ºC). Es importante que estén en un recipiente o bolsa porque los jugos no contaminen otros alimentos, y para que otros alimentos no los contaminen.
  • Para congelarlos, los envolvemos en bolsas al vacío o con plástico film, de manera que el contacto directo con el oxígeno sea el mínimo, los metemos en el congelador cuanto antes mejor y, si puede ser, en raciones, para que podamos descongelar solo lo que vayamos a consumir. Si se han comprado envasados, la carne y el pescado también pueden congelarse directamente dentro de la bandeja, lo que evitará manipulaciones y contaminaciones cruzadas, aunque el hecho de que haya aire puede favorecer que se creen cristales de la humedad que afecten la calidad del producto.
  • En el momento de descongelar, lo más recomendable es hacerlo en la nevera —al menos doce horas antes de consumir—, porque de esta forma no se dañarán los tejidos ni proliferarán los microbios.

LOS QUESOS

  • ¿Se estropean? Los quesos frescos tienen una vida mucho más corta que los madurados, por lo que hay que consumirlos en los días siguientes a su compra. En cuanto a los quesos madurados, tienen una vida muy larga porque, desde el punto de vista sanitario, que un queso esté muy madurado no implica ningún riesgo.
  • Cómo conservarlos. Los quesos de pasta dura como, por ejemplo, el manchego, el Grarrotxa o el tipo Serrat, se conservarán mejor si los compramos enteros o en cuñas; si los compramos loncheados se secarán y enmohecerán más fácilmente. Deben guardarse en la nevera, envueltos en papel film o dentro de una fiambrera. En cuanto a los quesos de pasta blanda tipo brie o camembert, envolverlos en papel film para que no se sequen y mantengan la estructura. Y, finalmente, los de pasta hilada, como la mozzarella, mejor conservarlos dentro de su suero. En cualquiera de los casos, lo mejor es cortar únicamente el trozo de queso que vayamos a consumir, no más.
  • ¿Se pueden congelar? Sí, pero hay que tener en cuenta que el proceso de congelación puede romper las estructuras celulares, y ello hará que cuando se descongele pierda agua y su estructura cambie.

 

http://diariodegastronomia.com