Al sentido común antes se le definía como el menos ‘común’ de los sentidos. Y la cosa ha ido a peor. Asistimos hoy a un auténtico desbarajuste en lo que se refiere a esa variedad del sentido común que es el sentido común nutricional. Es el que nos permite decidir de una manera razonable qué, cómo y cuánto debemos comer para disfrutar del placer de la comida, gozar de la mayor cantidad de salud posible y prevenir las enfermedades como nos acechan en cada esquina de nuestras vidas.

Este sentido razonable y tradicional de alimentarnos lleva unos años amenazado por la legión de gurús mediáticos, youtubers, influencers, chefs deconstructores excesivos y demás miembros de esas tribus que pastorean en la red de redes.

«No todas las personas somos metabólicamente iguales y, por lo tanto, no debemos alimentarnos de la misma forma.»

Estos profesionales, para atraer a un gran número de seguidores, que les otorguen muchos ‘me gusta’ y así conseguir anunciantes y ganarse la vida, necesitan ofrecer propuestas innovadoras y lo más alocadas que sean posibles. Por estas razones me ha gustado mucho que una de las revistas científicas de más prestigio del mundo como es ‘Nature Reviews Endocrinology’ publicara un artículo basado en lo que hoy se denomina Nutrición de Precisión y que vuelve a poner las cosas nutricionales en su sitio de siempre.

La nutrición de precisión estudia la nutrición y su relación con la prevención de las enfermedades metabólicas y cardiovasculares de una manera integral, considerando a la vez al individuo y a su entorno. En este artículo se formulan, sobre los datos publicados en todo el mundo, durante los últimos años, los puntos fundamentales de lo que debe ser una alimentación saludable.

«La nutrición de precisión estudia la nutrición y su relación con la prevención de las enfermedades metabólicas y cardiovasculares de una manera integral, considerando a la vez al individuo y a su entorno.»

Son propuestas llenas de sentido común y de tradición. Una de las principales propuestas, que ya hemos tratado recientemente, es que la alimentación debe ser personalizada. No todas las personas somos metabólicamente iguales y, por lo tanto, no debemos alimentarnos de la misma forma.

Los tres puntos esenciales de este estudio son los siguientes:

1. El peso corporal y la cantidad de grasa acumulada depende del equilibrio energético entre la ingestión de nutrientes y el gasto de energía. Y todo ello controlado por las características neuroendocrinas de cada cual. La evidencia científica sugiere que una ingesta energética excesiva, en relación al gasto es uno de los principales factores del sobrepeso y la obesidad y sus consecuencias metabólicas y cardiovasculares.

2. Las interacciones energéticas entre hidratos de carbono, lípidos y proteínas (cantidad y calidad de la dieta) dependen de las características genéticas y de la composición en bacterias intestinales de cada persona.

3. No conviene abusar de la ingestión de azúcares simples (dulces) ni de las grasas saturadas. Son beneficiosas las proteínas de buena calidad biológica (carne y pescado) y la fibra vegetal (verduras, hortalizas, legumbres y cereales). Hagamos caso a los científicos. Hay que comer de todo, rotando los diferentes alimentos y compensar el gasto energético con algo de actividad física diaria. Y reducir la ingesta y aumentar el gasto si vemos que vamos cogiendo más peso que el que nos corresponde.

José Enrique Campillo

Fuente: «El Diario Montañés»

 

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