La zanahoria es una hortaliza de múltiples y valiosas cualidades, indispensable en nuestras cocina. Comúnmente de color naranja, es jugosa y crujiente, con un punto dulzón que combina bien con otros sabores.
Se trata de una planta bienal, de unos 10 centímetros, que forma una roseta de hojas en primavera o verano. Desarrolla una gran raíz que almacena grandes cantidades de azúcar que le permitirá resistir las duras temperaturas del invierno y florecer al año siguiente. Generalmente se cosechan durante el primer año, con la raíz ya desarrollada. Se siembran durante casi todo el año y su tamaño y grosor depende de la variedad. Hay que recolectarlas antes de que se desarrollen completamente para evitar que adquieran una textura leñosa.
Conocido su cultivo desde la Antigüedad en Oriente Medio y en Asia Central, su actual aspecto anaranjado data del siglo XVII. Es el resultado de los injertos realizados por varios agrónomos holandeses al descubrir que la zanahoria de color naranja retenía la tonalidad durante toda su cocción.
Cruda, para ensaladas, cocida, al vapor, sola o con otras verduras, esta humilde raíz es muy versátil en la cocina, formando parte de un gran número de platos: pudin, cremas, purés, menestras, sopas, guisos, guarniciones, etc. También, hay que destacar su empleo en la repostería, bizcochos y tartas. Se deben lavar bien antes de consumirlas.
Es rica en fibra, minerales, vitaminas y agua, presenta un contenido de carbohidratos superior a otras verduras. Destaca en su composición los betacorenos, que le proporcionan este característico color naranja. Son grandes antioxidantes, mejoran la vista y fortalecen el sistema inmunitario y fortalecen huesos y dientes.
 
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