Con la vuelta al colegio de los más pequeños, los medios de comunicación nos bombardean con publicidad de decenas de alimentos destinados a mejorar la atención de los niños en edad escolar, facilitar su desarrollo cerebral, retrasar la aparición de la fatiga en el cole, etc. Varios de esos productos emplean conceptos como la ‘nutrición inteligente’, usan imágenes de niños que acuden renegando a sus centros educativos pero que se activan al consumir determinados alimentos, etc. Estos reclamos publicitarios son, emocionalmente, difíciles de obviar para los que tienen hijos en edad infantil. ¿Qué padres no van a querer que sus hijos consuman un producto que favorece su ‘desarrollo intelectual’? ¿Existe alguien que no esté dispuesto a comprar un alimento que ayude a sus hijos en el colegio? La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿necesitan nuestros hijos estos productos? Seleccionemos el ejemplo de las famosas leches enriquecidas en distintos nutrientes destinadas a la alimentación de los niños en edad escolar.

La mayoría de estos preparados lácteos emplean eslóganes como ‘contribuye al correcto aprendizaje de los niños’ o ‘contribuye al desarrollo intelectual’. Estas alegaciones son posibles gracias a la adición de hierro a su composición en concentraciones que rondan los 2.1 mg por cada 100 ml. Sin embargo, y a pesar de que es cierto que la UE permite emplear estos eslóganes en productos que contengan dicha cantidad de hierro, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) afirma en sus informes oficiales que esa cantidad se puede alcanzar fácilmente con una dieta equilibrada. Veamos cómo.

“Los carísimos productos lácteos destinados a ayudar a los niños en su etapa escolar que abarrotan las superficies comerciales no son necesarios. La gran mayoría de expertos en nutrición y dietética y los informes oficiales de la UE así lo indican. Los déficits de nutrientes en esta etapa de la vida son muy escasos y, en el caso de que exista una carencia, una dieta equilibrada es capaz de enmendarla.”

El hierro puede provenir de fuentes de origen animal o vegetal. El hierro animal (hemo) forma parte de la hemoglobina o mioglobina animal. Se caracteriza por presentar una muy buena absorción, aproximadamente entre el 10 y el 25%. Se encuentra en carnes (ternera, cerdo, cordero) y derivados (jamón, patés, morcilla), aves (pollo, pavo, perdiz), pescados y mariscos (bacalao, pescadilla, sardinas, anchoas). Por otra parte, el hierro vegetal (no hemo) no forma parte de la hemoglobina sino de cualquier otro compuesto. Representa el 90% del hierro aportado de forma exógena. Su absorción es solo del 2 al 5% y depende de una serie de factores. Son fuente de hierro no hemo las verduras, especialmente las de hoja verde, las legumbres, cereales y frutos secos. El huevo, aunque no es vegetal, posee hierro no hemo. A pesar de que el hierro no hemo se absorba poco existen una serie de factores que favorecen su absorción como es el caso de la vitamina C. De ahí que se recomiende añadir limón a los alimentos que poseen hierro no hemo.

Como pueden apreciar, este mineral es fácil de encontrar en casi cualquier alimento de nuestra dieta habitual, incluida la de los niños mayores de 3 años. Además, en cualquier tabla de composición de alimentos comprobamos cómo la cantidad de hierro en estos alimentos supera con creces la presente en las leches enriquecidas destinadas a estos niños. A modo de ejemplo, les diré que en 100 gramos de hígado de cerdo hay 13 mg. de hierro, más de 6 veces el hierro que se encuentra en preparados de conocidísimas empresas lácteas. Incluso en las sardinas, chuletas de cordero, jamón serrano, mejillones, paté, pavo o en el lomo de cerdo tenemos más cantidad de hierro que las leches que aseguran ‘contribuir al correcto aprendizaje de los niños’. Respecto a los alimentos ricos en hierro ‘no hemo’, en 100 gramos de lentejas hay 8.2 mg del mineral, casi 4 veces más que en estos productos.

“Los déficits de nutrientes en esta etapa de la vida son muy escasos y, en el caso de que exista una carencia, una dieta equilibrada es capaz de enmendarla.”

Otro de los ingredientes estrella de estos productos que mágicamente convierten a niños sin ganas de ir al colegio en los alumnos más aventajados de la clase son los famosos ácidos grasos. Su concentración en estos preparados lácteos ronda los 42 mg. de EPA y DHA (dos ácidos grasos poliinsaturados esenciales de la familia de los omega-3). ¿Y esa cantidad de ácidos grasos la encontramos en la dieta habitual o es necesario suplementar alimentos con EPA y DHA? Para que se hagan una idea, les diré que 100 gramos de salmón proporcionan 5.175 miligramos de EPA y DHA. Es decir, en 100 gr. de salmón hay 123 veces la cantidad de EPA y DHA que hay en una leche infantil ‘inteligente’. Lo mismo podríamos decir del bonito, la trucha, etc.

En definitiva, ¿es peligroso alcanzar estas cantidades de hierro o ácidos grasos omega-3 con preparados lácteos? No. ¿Es necesario? Ni mucho menos. Sigamos con el análisis.

La obesidad infantil es uno de los grandes problemas del siglo XXI y el consumo de alimentos excesivamente calóricos es un gran riesgo. ¿Son este tipo de leches un problema en cuanto a su aporte energético? Depende. Muchos de estos productos no presentan un elevado contenido calórico, pero otros sí. Debido a que estos productos se destinan a niños, muchas empresas lácteas introducen chocolate, cacao o fibra en su composición. Estos preparados tienen un valor energético de 76 kcal/100 ml frente a las aproximadamente 63 kcal/100 ml que posee un cartón de leche entera. Si tomamos como buena la recomendación de tomar alrededor de 2 vasos de leche al día de 200 ml cada uno (algo que también podríamos debatir), al final del día habremos ingerido 304 kcal si consumimos el preparado lácteo con cereales y cacao y 252 kcal si bebemos leche normal… y este 17% de diferencia en valor energético no es nada despreciable en la alimentación infantil.

Para finalizar este análisis, no podía faltar un dato bastante significativo: el precio. En la mayoría de los centros comerciales, un litro de estos preparados lácteos destinados a mejorar las capacidades intelectuales de los niños cuesta 1.49 euros frente a los 0.83 euros de un litro de leche entera de la misma marca, casi el doble.

Estimados lectores, los datos son claros. Los carísimos productos lácteos destinados a ayudar a los niños en su etapa escolar que abarrotan las superficies comerciales no son necesarios. La gran mayoría de expertos en nutrición y dietética y los informes oficiales de la UE así lo indican. Los déficits de nutrientes en esta etapa de la vida son muy escasos y, en el caso de que exista una carencia, una dieta equilibrada es capaz de enmendarla. Además, soy fiel amante de los dichos populares y uno de mis preferidos es ‘No me des pescado sino enséñame a pescar’… o dicho de otra forma: prefiero mil veces antes la educación nutricional a ir poniendo remedios a mi malnutrición en el caso de que exista. ¿Qué sentido tiene hacer algo mal conscientemente para luego intentar parchearlo? ¿Hasta cuándo podríamos mantener esa política de suplir con suplementos nuestras carencias nutricionales? Además, si no enseñamos a nuestros hijos a comer correctamente desde pequeños… ¿cuándo lo aprenderán?

José Manuel López Nicolás

Fuente: diario La Verdad

http://www.laverdad.es/murcia/culturas/201509/12/vuelta-cole-necesitan-nuestros-20150912003941-v.html