Margarina es un término genérico para denominar a diferentes tipos de grasas empleadas en sustitución de la mantequilla.
En la década de los 80 y 90, la margarina se convirtió en la alternativa saludable. Se creía que las grasas animales eran causantes del incremento de las enfermedades cardiovasculares y la obesidad, y la mantequilla fue uno de los alimentos señalados como perjudiciales. Como consecuencia de esta campaña iniciada en Estados Unidos, su venta se disparó en todo el mundo.
La margarina, al no contener grasas saturadas, se consideraba más sana, aunque se le añadían conservantes y aditivos para asemejarse en las propiedades y el aspecto a la mantequilla. Sin embargo, se descubrió que contenían grasas trans, más perjudiciales (incrementan los niveles de colesterol) para la salud que las saturadas.

«Al ser un alimento muy calórico, el consumo debe ser moderado, sobre todo para personas con problemas de obesidad, arteriosclerosis o hipertensión arterial.»

Actualmente los fabricantes las han reducido al mínimo y gracias al avance en los conocimientos del metabolismo del colesterol, la ciencia ha quitado gravedad al consumo de alimentos que tienen colesterol, aunque recomendando moderación.
La margarina fue inventada en el siglo XIX en respuesta a un concurso convocado por el emperador francés Luis Napoleón III con el fin de encontrar una alternativa a la mantequilla, un sustituto barato, que se conservará mejor. Así, su uso se popularizó, sobre todo en las épocas de escasez.
En el momento de comprar margarina debemos fijarnos que en la etiqueta ponga que contiene la mayor cantidad de ácidos grasos insaturados (beneficiosos para la salud cardiovascular) y que las grasas saturadas y trans sean lo más bajas posibles.
La margarina tiene los mismos usos que la mantequilla: hornear alimentos, repostería, cocinar con pasta, bechameles, cremas, salsas, sofritos, en el desayuno, en definitiva es un ingrediente que da cremosidad y suaviza.
Nutricionalmente
La margarina, fuente de grasas vegetales, contiene ácidos grasos esenciales y vitaminas A, D y E, muy beneficiosas para la salud.
Aunque se comercializa también baja en grasas, engorda lo mismo que la mantequilla. Al ser un alimento muy calórico, el consumo debe ser moderado, sobre todo para personas con problemas de obesidad, arteriosclerosis o hipertensión arterial.
 
 
 
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